Todos lo hacen: una contraseña se pega en Slack, se envía por correo o se suelta en un chat. Funciona — hasta que deja de funcionar. Esos mensajes son permanentes, buscables y legibles por la plataforma. Una credencial filtrada es una brecha esperando a ocurrir.
Slack, el correo y las apps de mensajería guardan archivos. Una contraseña enviada hoy sigue ahí dentro de un año, indexada y buscable por cualquiera con acceso — incluida una cuenta comprometida o una citación judicial.
Usa un enlace cifrado de autodestrucción. La contraseña se cifra en tu navegador, el servidor guarda solo texto cifrado y el enlace se autodestruye tras una vista. El destinatario la lee una vez y desaparece — sin archivo, sin rastro.
1. Nunca envíes credenciales en texto plano. 2. Usa autodestrucción para cualquier cosa sensible. 3. Añade un temporizador de expiración como red de seguridad. 4. Rota la credencial después de compartirla, cuando sea posible. 5. Prefiere la función de compartir de un gestor de contraseñas para acceso continuo.